19 días y 500 noches
de Joaquín Sabina
Cómo estudiar esta canción
La carta de «19 días y 500 noches» se compone de 141 entradas de estudio de nivel C2-: 81 palabras en español, 13 adjetivos y 47 formas verbales. El glosario es por donde empezar: peces, hielo y copa son las palabras clave de la canción. Esta canción se apoya en los verbos: 47 formas distintas frente a 13 adjetivos, así que el trabajo está en la conjugación. A este nivel las palabras sueltas no son el problema: lo que cuesta es cómo se combinan.
Las palabras de esta canción, en varios idiomas
Todas las palabras de abajo salen de esta canción y las hemos traducido nosotros. Aquí no hay letra: son las palabras sueltas que necesitas para seguirla.
Vocabulario
| ES | EN | IT | FR | PT | NL | DE |
|---|---|---|---|---|---|---|
| peces | fish (plural) | pesci | poissons | peixes |
Qué te enseña esta canción
Nivel · C2-
- Palabras de vocabulario
- 81
- Adjetivos
- 13
- Combos
- 13
- Expresiones
- 14
- Formas verbales
- 47
- Preguntas del quiz
- 35
Contexto
Sobre la canción
«19 días y 500 noches» da nombre al duodécimo álbum de estudio de Joaquín Sabina, publicado el 6 de septiembre de 1999 por BMG y Ariola. Lo produjo el músico argentino Alejo Stivel, que había sido cantante del grupo Tequila, y se grabó a lo largo de unos seis meses, entre diciembre de 1998 y junio de 1999. Dura unos setenta y cuatro minutos repartidos en trece cortes, y la canción del título es la segunda del disco, justo detrás de la que lo abre. Sabina tenía cincuenta años cuando salió, y el álbum suele describirse en España como el momento en que su escritura se volvió hacia dentro: menos rock, más guitarras acústicas, rumba, tango y sonido de barra de madrugada.
La canción tiene uno de los orígenes más raros del pop español reciente, y lo cuentan los propios implicados. Sabina no la escribió para él. Le habían encargado una rumba para Siempre Así, un grupo sevillano alegre y muy popular, y eso fue lo que entregó. Su cantante, Rafa Almarcha, leyó la letra y le dijo sin rodeos que él no podía cantar aquello: hablaba de bebida, de juego, de cocaína y de autodestrucción, justo lo contrario de la imagen luminosa y familiar que el grupo había construido. Sabina respondió que a él le gustaba demasiado como para tirarla, que a su productor también, y que la cantaría él mismo. Años después Siempre Así grabó su propia versión, de modo que una canción escrita por encargo para otros acabó siendo lo más conocido que ha firmado su autor.
Lo que cuenta es muy sencillo, y la manera de contarlo no lo es. Una relación se acaba. Ella no monta ninguna escena: se ríe, saluda y se despide, y se marcha en un taxi lanzándole dos besos desde la ventanilla. El que se queda de rodillas es él. El resto de la letra es su caída de vuelta a todo lo que había dejado atrás: los bares, las mesas de juego, el jerez, la compañía de gente a la que no respeta y que no le gusta. Insiste en que no pide perdón, porque ella ya no se interesa lo bastante como para concedérselo. Y entonces llega la cuenta que todo el país recuerda, la aritmética del título: el amor fue corto y olvidarlo no. Diecinueve días frente a quinientas noches. Esa asimetría, y el detalle de que la mitad larga se cuente en noches y no en días, es la canción entera resumida en dos cifras.
Para quien aprende español es un texto exigente y, por eso mismo, extraordinariamente productivo. El vocabulario es amplio y muy concreto —un neceser, la escarcha, un portazo, la bisutería, una cofradía, una romería, algo comprado de saldo— y Sabina echa mano de palabras que ningún manual enseña. La gramática cubre también mucho terreno: el pretérito indefinido lleva el relato (se fue, tiró, regresé, sacó), el imperfecto pone el fondo (tenían razón, quería), el condicional aparece en una promesa hipotética y el presente de subjuntivo asoma detrás de una oración que mira al futuro. Hay gerundios por todas partes, uno de ellos con pronombre pegado al final, e infinitivos con pronombre enclítico, uno de ellos encadenado a tres verbos en una línea sobre querer querer a alguien.