Bailar pegados
de Sergio Dalma
Cómo estudiar esta canción
Aprender «Bailar pegados» son 50 entradas de nivel A1+: 23 palabras en español, 6 adjetivos y 21 formas verbales, todas sacadas de lo que dice la canción. Empieza por corazón, cuerpo y mar: con esas, la mayoría de los versos dejan de ser adivinanza. Esta canción se apoya en los verbos: 21 formas distintas frente a 6 adjetivos, así que el trabajo está en la conjugación. A este nivel el objetivo es reconocer: oyes la palabra, la sitúas y sigues.
Las palabras de esta canción, en varios idiomas
Todas las palabras de abajo salen de esta canción y las hemos traducido nosotros. Aquí no hay letra: son las palabras sueltas que necesitas para seguirla.
Vocabulario
| ES | EN | IT | FR | PT | NL | DE |
|---|---|---|---|---|---|---|
| corazón | heart | cuore | cœur | coração |
Qué te enseña esta canción
Nivel · A1+
- Palabras de vocabulario
- 23
- Adjetivos
- 6
- Combos
- 10
- Expresiones
- 10
- Formas verbales
- 21
- Preguntas del quiz
- 35
Contexto
Sobre la canción
«Bailar pegados» es la canción que convirtió a Sergio Dalma en un nombre conocido en todo el mundo hispanohablante, y sigue siendo el primer título que aparece cuando se habla de él. Sergio Dalma es el nombre artístico de Josep Sergi Capdevila Querol, nacido en Sabadell, en Cataluña, el 28 de septiembre de 1964. Había cantado en grupos y corales de su ciudad, ganó un concurso de la televisión pública en su servicio catalán y pasó una temporada como cantante fijo de una sala de Barcelona antes de que su primer disco, en 1989, lo convirtiera en una promesa. La canción que lo sacó de esa categoría se escribió para su segundo álbum.
La música es de Julio Seijas y la letra de Luis Gómez-Escolar, dos de los autores más prolíficos del pop español de aquellos años; la pareja firma además la producción del disco. El tema se grabó durante el invierno de 1990 y 1991 en los estudios Sonoland de Madrid y lo publicó el sello Horus. En su versión de álbum dura alrededor de cuatro minutos y medio. Pertenece a una familia muy reconocible del pop español de principios de los noventa: una balada latina lenta y cálida, con estribillo ancho, cuerdas y un arreglo con color de saxofón, pensada para que el estribillo lo cante una sala entera.
Televisión Española eligió la canción por designación interna, sin final nacional, para representar a España en el Festival de Eurovisión, y se presentó al país en el programa «¡Viva el espectáculo!» el 5 de abril de 1991. Un mes después, el sábado 4 de mayo de 1991, Dalma la cantó en los estudios de Cinecittà, en Roma, en un certamen organizado por la RAI italiana. Actuó en el puesto diecinueve de veintidós, entre Bélgica y el Reino Unido, con Eduardo Leiva dirigiendo la orquesta. Para ajustarse a la regla de los tres minutos hubo que recortar el tema, que perdió una estrofa y un estribillo. Terminó cuarto con 119 puntos, uno de los mejores resultados españoles de aquella época, en el año en que Suecia y Francia empataron a 146 puntos y se aplicó por primera vez en la historia del festival la regla de desempate.
El asunto de la canción es tan sencillo como su melodía: un alegato a favor de bailar abrazados. El cantante empieza señalando que bailar a distancia apenas es bailar — dos personas moviéndose en la misma sala pero en realidad solas, una en un sitio ardiente y la otra en uno helado, a un par de metros de distancia. Después propone probarlo al revés, una sola vez, sujetándose el uno al otro y siguiendo el ritmo sin soltarse. El estribillo amontona imágenes de unión: el mar moviéndose con los delfines, dos bailarines solos en un salón entero, un corazón contra otro. La segunda estrofa se vuelve hacia la música, que ya no hace falta defender porque pide un beso ella sola y trepa desde los pies, invisible, sin que nadie haya conseguido nunca ponerla por escrito.